LA LECTURA COMO HERRAMIENTA DE APRENDIZAJE

La lectura es una competencia básica para la vida, es indispensable para que una persona pueda desenvolverse con éxito en la sociedad actual. En el contexto escolar, la comprensión lectora favorece el éxito, permanencia y egreso exitoso de los estudiantes en el sistema educativo, garantizando su integración social sin riesgo de exclusión. En ese sentido, es reconocido que la lectura es una herramienta instrumental que favorece el desarrollo de destrezas de pensamiento crítico imprescindible para el ejercicio responsable de la ciudadanía. Favorecer acciones que impulsen la construcción del hábito lector es una tarea compleja, la cual debe ser iniciada desde el contexto familiar y consolidada en el ámbito académico. En un escenario ideal, es en casa donde se cultiva el hábito de dedicar al menos una hora diaria a una lectura juiciosa, acorde a su edad, enriquecedora y cautivante, para que se fortalezcan positivamente actitudes y valores.

Cada vez se comprueba más que desde los salones de clases, el alumno que consolida la costumbre y el hábito lector dispone de niveles lógicos y comprensivos muy significativos, los cuales suman a su cultura general. Hay que agregar que el proceso lector se complementa con acciones de escritura, por esa razón el desarrollo del lenguaje oral es un requisito para el inicio del aprendizaje de la lectura y más tarde de la escritura. Entonces, un primer paso para interpretar correctamente la lectura es desarrollar la relación entre la palabra hablada y la escrita. En los primeros años del crecimiento humano la plasticidad del cerebro facilita el aprendizaje, entendimiento y la creación de prácticas positivas; por esa razón la orientación para leer es fundamental, sobre todo cuando se aprovecha el gusto por cualquiera de los géneros y subgéneros literarios: Narrativo, lírico, dramático, didáctico, poético, épico, cuento, novela, fábula, entre otros. Aunado a lo anterior, el niño o joven que desarrolla el gusto por la lectura entiende el significado de muchas palabras, su vocabulario es amplio, variado y complejo, con lo cual se enriquece la capacidad expresiva y elocuencia.

Asimismo, la lectura estimula de manera profunda la actividad cerebral: crea nuevas conexiones neuronales, fortalece la memoria, mejora la comprensión de las emociones y potencia la creatividad al permitir imaginar personajes, visualizar lugares y recrear situaciones con detalle.

Tanto los padres de familia como los docentes tienen la responsabilidad para introducir a los niños y jóvenes en el apasionante mundo de la lectura, identificándose tres momentos claves para su construcción:

  • Antes: Incluye la motivación inicial y propósito.
  • Durante: Toma en consideración las preguntas que surgen sobre la obra o el tema.
  • Después: Favorece la comprensión global, reconstrucción de contenidos y formulación de opiniones y conclusiones.

 

El balance de una lectura diaria siempre resulta mucho más enriquecedor que las horas que se pierden en el “scroll” del celular o en el uso indiscriminado de las redes sociales. Leer una obra con intención y atención aporta beneficios que ninguna navegación superficial podrá igualar.

En nuestro colegio constantemente desarrollamos estrategias para motivar este hábito, siendo una de ellas la biblioteca institucional, un espacio diseñado para acompañar el crecimiento de los alumnos a través de una colección de más de 1,700 libros que pueden ser rentados sin ningún costo por todos los estudiantes activos. Como educadores sabemos que cuando la familia y el centro educativo se unen para promover la lectura en niños y jóvenes estos desarrollan competencias que trascienden del aula y los preparan para el mundo real, para participar activamente en la sociedad; un lector que se forma hoy será un ciudadano crítico y funcional el día de mañana.

«La lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo» (Joseph Addison).