ESENCIA Y APARIENCIA
Muchos seres humanos tenemos la característica de dejarnos influenciar por lo que vemos, perdiendo de vista elementos que son subjetivos y que tienen valor, los cuales se encuentran ocultos y que se identifican por ser cualidades. Según expertos, de un primer contacto visual entre dos individuos, impacta un 55 % la apariencia personal, lo cual confirma que la imagen o el aspecto externo es mucho más fácil de evidenciar que aquello que está intrínseco.
Es extremadamente valioso entender que nuestra aceptación ante todas las personas que nos rodean está directamente relacionada a un balance, el cual incluye identificar nuestras debilidades. Para ello es necesario escuchar, considerar y valorar el sentir de los demás de aquellos aspectos que nos identifican en carácter y temperamento y que, en lugar de sumar, restan en la personalidad individual, debemos aprender a disciplinarnos para construir, estimular y corregir nuestra esencia. Solo de esta manera se abrirán puertas y se facilitará una integración satisfactoria en diferentes contextos como: el trabajo, estudio y las relaciones familiares y personales.
El arreglo personal debe ir complementado con una personalidad equilibrada. Dicho en otras apalabras: la apariencia siempre debe armonizar con el modo de ser. Podemos afirmar que aprender a responder inteligentemente a estímulos que provocan desequilibrios en el carácter es más que importante, ya que nos ahorra problemas innecesarios. Cabe recordar que por cada acción que tengamos provocaremos una reacción, siendo necesario meditar en cada paso que se tome.
Practicar conductas coherentes que reflejen responsabilidad es un elemento de la esencia de la que hablamos, obrar correctamente aún sin que haya otras personas presentes también es reflejo de un carácter equilibrado y ético. Todos los rasgos que tenemos como humanos construyen la identidad, la cual se va modificando conforme crecemos, hacemos experiencia y nos interrelacionamos con otras personas, teniendo como punto de partida tres factores: Biológicos (cuerpo humano y fisiología), psicológicos (razón e identificación) y sociales (interacción con otras personas).
La vida está colmada de desafíos que ponen a prueba el temple y el material del que estamos hechos, justamente en la niñez y juventud donde construimos una racionalidad, sensatez y el juicio que nos acompañarán a lo largo de nuestra existencia.
Las personas al conectarse con su esencia personal sienten una fuerza interior renovada, ya que entienden y comprenden mejor a toda la creación, amando al prójimo como así mismos.