LA IMPORTANCIA DEL JUEGO

Quienes trabajan o se  desempeñan en el nivel inicial pueden reconocer la importancia que el juego tiene para los niños. Sin embargo, el juego como tal no es patrimonio exclusivo de la infancia, sino un “bien cultural” que trasciende tiempos y edades. En efecto, el juego nació con los primeros hombres y fue un aporte imprescindible para la especie humana.

Históricamente encontramos indicios del juego en civilizaciones pre hispánicas, quienes valoraban el mismo desde ámbitos religiosos y políticos, brindado un especial simbolismo, confirmando que muchos de los juegos actuales tienen su origen en la antigüedad.

Dadas las representaciones simbólicas que implica el juego, es posible comprender no sólo su trascendencia a lo largo del tiempo y el espacio, sino también su importancia en la época actual.

En este sentido, el juego, ayuda a transitar la complejidad de la vida humana, permitiendo enfrentar temores y angustias a través de la fantasía, brindando, paralelamente, la oportunidad de aprender reglas y normas que dan vida a un enfoque lúdico del niño.

La importancia del juego para el desarrollo cultural y de la infancia es un hecho ampliamente reconocido; inclusive resulta fácil identificar a un niño en situación de juego.

Piaget, afirmaba que “El juego es una actividad que tiene fin en sí misma y el niño la realiza sin la intención de alcanzar un objetivo. Es algo espontaneo y opuesto al trabajo; no implica una adaptación a la realidad y, por ende, se realiza por puro placer y no por utilidad, permitiendo la liberación de conflictos, ignorándolos o resolviéndolos”

Freud, sostenía: “El juego es una actividad propia de la infancia por medio de la cual el niño puede elaborar las distintas situaciones, desarrollando activamente rutinas que estimulan su inteligencia”

Algunos autores denotan un enfoque alternativo en el tema lúdico, conciliando el juego como una actividad individual, espontánea y subjetiva, pero también social y culturalmente determinada.

Es importante señalar que, jugar es crucialmente importante para el desarrollo intelectual, emocional y social del niño. La inteligencia emocional  CE/ EQ es tan importante como el CI/IQ para alcanzar el éxito en el mundo de hoy. El coeficiente emocional, o inteligencia emocional, se desarrolla a través  de socializar el juego con compañeros y padres.

Las oportunidades de aprendizaje a través del juego son amplias y accesibles y no requieren grandes recursos. Desde juegos de supermercado. Al patio de la casa, a la clínica del Doctor, son experiencias relevantes para el aprendizaje de matemática, lectura y conceptos científicos.

Deben vencerse estereotipos que marginan el juego de niños con arena, arcilla, tierra o masa, ya que estos materiales proporcionan placer lúdico; ensuciarse ayuda investigar los límites de su propio cuerpo, sobre todo en edades iniciales de los 18 meses en adelante.

La autora Hilda Cañeque establece algunas funciones esenciales del juego:

Descubrir: El juego promueve la posibilidad de explorar y descubrir el mundo externo e interno.

Relacionar a unos con otros: El juego ayuda a conocer, establecer acuerdos, compartir y negociar con otros, también favorece la aceptación del punto de vista ajeno.

Equilibrar el cuerpo con el alma: El juego es una actividad natural que contribuye al equilibrio corporal y efectivo.

Transmitir valores, bienes y productos culturales: La actividad lúdica ayuda a que el niño aprenda las pautas culturales de su entorno y que, a la vez, asimile complejos fenómenos del entorno natural y social.

Evadir saludablemente la realidad: El juego favorece la construcción y la diferenciación de dos mundos: el de la realidad y la fantasía.

El vínculo entre los niños y el juego es absolutamente necesario para el desarrollo de una infancia saludable y estable.